La catedral de Palencia

La bella catedral de Palencia, una de las más grandes de España, es el resultado de múltiples intervenciones, testigo privilegiado de las corrientes estéticas que recorrieron la Península Ibérica durante más de diez siglos.

Detalle del triforio y el claristorio del altar mayor de la catedral de Palencia

Levantada de cara al río Carrión en pleno centro de la ciudad medieval, poco a poco ha ido quedando algo desplazada, a medida que la ciudad fue creciendo y conformando un nuevo núcleo de desarrollo hacia el este.

Plano de Palencia de comienzos del siglo XX (1)

Fotografía aérea del entorno de la catedral amablemente cedida para su uso 
en este artículo por su autor, Ricardo Melgar (2)

Se considera que la primera edificación que hubo en ese emplazamiento sería un templo romano al que después se le sobrepuso otro paleocristiano y otro más visigodo ya a mediados del siglo VII, que según la tradición se levantó en tiempos del rey Wamba para alojar unas reliquias de san Antolín que él mismo había traído de Narbona en el año 672.

Capiteles visigodos en la cripta de san Antolín

Serían las ruinas de este último las que servirían de base para una nueva edificación que dejó albergada en su interior la que hoy conocemos como “cripta de san Antolín”, la parte más antigua conservada, un templo erigido tras la dominación musulmana, cuando el rey Sancho III el Mayor restauró la diócesis palentina y le entregó al obispo Ponce o Poncio la organización de una nueva sede.

Posteriormente, quizá en tiempos del obispo Raimundo, en la segunda mitad del siglo XII, se levantó otro templo que fue consagrado en 1219 y que constaba de tres naves con cubierta de madera, sala capitular y claustro, conservándose en la actual capilla mayor unas columnas y capiteles que parece que indican que esa era la zona absidial.

En cuanto a la actual la catedral gótica, comenzó a levantarse en la primera mitad del siglo XIV, con una construcción que se prolongó hasta el XVI, con añadidos posteriores incluso en el XX.

Nave central de la catedral de Palencia desde los pies, con el trascoro enfrente

Es de planta de cruz latina pero cuenta con un crucero entre la actual capilla mayor y el coro y con otro falso crucero, más estrecho, a partir de lo que fue la primitiva capilla mayor, la actual capilla del Sagrario, sin que ninguno sobresalga en planta, girola con siete capillas radiales, capillas laterales solo en la nave del Evangelio, y claustro adosado a la nave de la Epístola.

Cubiertas del segundo crucero

No se sabe quién elaboraría las trazas, que se adscriben a un maestro hispano que se inspiraría en las catedrales de Burgos y León. El templo empezó a levantarse, como era habitual, por la cabecera, durante el reinado de Juan II y en tiempos del obispo don Gómez, avanzando hacia los pies mientras se iría demoliendo progresivamente la anterior construcción románica. Después se decidió ampliar toda la planta de la nave, construyéndose una segunda capilla mayor con un nuevo crucero y también se erigió parte de la torre, se cerraron las bóvedas de la girola y se levantó el triforio.

El crucero desde la nave del Evangelio

En el último tercio del siglo XV las obra tomaron un fuerte impulso, llegando casi hasta los pies, y gran parte gracias a las disposiciones testamentarias de la dama palentina viuda y sin descendencia doña Inés de Osorio, que dejó un importante legado para la terminación de la catedral, en la que dispuso su enterramiento. Finalmente, la última piedra queda colocada en 1516. Con posterioridad hubo intervenciones decorativas y en capillas, pero la catedral estaba terminada.

Cubiertas de la nave central. A medida que avanzaba la obra hacia los pies, las bóvedas fueron 
tomando formas más complicadas

La fachada occidental está orientada al río Carrión y a la plaza de san Antolín y quedó inconclusa, con una portada contemporánea, la Puerta de san Antolín o de los Descalzos, de trazas de Chueca Goitia.

Dibujo de la fachada occidental cuando todavía no tenía la portada añadida 
por Chueca Goitia. Planoteca IPCE

La fachada occidental en la actualidad, con la capilla de las Reliquias a la izquierda

En el siglo XVIII se le anexionó la capilla de las Reliquias, abierta a los pies de la nave del Evangelio, de planta centralizada, con cubierta de pizarra y que sobresale hacia el exterior.

La fachada norte, orientada a la Plaza de Cervantes, cuenta con las portadas del crucero y del falso crucero. La Puerta de Canónigos o del Hospital, que abre al brazo del Evangelio del crucero viejo, sin embargo, fue la última en construirse, concluida en 1762. Con arco rebajado y sin ornamentación, recibió ese nombre porque estaba frente al Hospital de san Antolín y san Bernabé, regido por el cabildo desde el siglo XII.

La otra, abierta al crucero nuevo, es la Puerta de los Reyes o de San Juan, con decoración tardogótica muy degradada. Se organiza mediante doble arco escarzano y pilar central con una escultura de san Juan Bautista. En el siglo XVII se le añadieron las hornacinas superiores para las esculturas de los santos Antolín, patrón de Palencia, y sus compañeros de martirio, Juan y Almaquio.

Puerta de los Reyes o de san Juan

La parte más antigua es la cabecera, en la que destaca su esquema poligonal con absidiolos de grandes ventanas con vidrieras y decoración con molduras, frisos, pináculos, tracerías y gárgolas de variada fantasía.

Detalle de la cabecera (3)
La fachada sur abre a la Plaza de la Inmaculada y de nuevo nos encontramos con dos portadas.

Fachada sur en la plaza de la Inmaculada

La entrada diaria a la Catedral es la que abre al falso crucero, conocida como Portada de los Novios o del Salvador, obra del siglo XV con una sencilla decoración vegetal gótica en tres arquivoltas apuntadas abarcadas por un arco conopial, tímpano ausente de decoración y los escudos de los obispos dominicos de la diócesis fray Diego de Deza y fray Alonso de Burgos flanqueando el del cabildo en el friso bajo el alero.

Portada de los Novios, con la cabecera a la derecha

Decoración del friso bajo la cornisa, con los escudos de Deza, el cabildo y Burgos

A continuación está la torre, construcción prismática y sobria que cuenta con un reloj y un cuerpo de ventanas y está coronada por una pequeña espadaña y grandes pináculos.

Portada del Obispo y torre

La puerta que abre al crucero de la Epístola es la Portada del Obispo o de Santa María, con una decoración muy deteriorada por la erosión de la piedra. Se inició durante el obispado de Hurtado de Mendoza pero la decoración es algo posterior, terminada en tiempos de Rodríguez Fonseca, de ahí la heráldica de este último en el friso bajo el tímpano. Consta de un arco rebajado, cinco arquivoltas apuntadas decoradas con motivos vegetales e historiados apoyadas sobre un apostolado añadido en el siglo XVII que se continúa con columnas, todo ello abarcado por un arco conopial, y guardapolvo muy decorado con gárgolas, doseletes y arquerías geminadas. El tímpano tiene decoración de casetones sobre un vano doble de vidrieras con motivos florales y una imagen gótica de la Virgen en el centro.

Detalle de la portada del Obispo

La planta muestra una cabecera de gran desarrollo, con girola y capillas radiales, cuerpo de tres naves de siete tramos, capillas laterales solo en el lado del Evangelio, crucero y falso crucero, una especial configuración que hace que también tenga dos capillas mayores, aunque la más antigua está configurada como capilla del Sagrario.

Planta de la catedral de Palencia. Planoteca IPCE. Las indicaciones son mías

En alzado, la nave central se organiza mediante pilares compuestos sobre los que descasan arcos formeros apuntados, triforio de tracerías caladas hacia la iglesia y ciego al exterior que recorre todo el templo, claristorio de grandes ventanales apuntados que iluminan el interior del templo y cubierta de crucería, más complicada a medida que nos acercamos a los pies, primero con crucería sencilla, después sexpartitas y finalmente combadas.

Alzado de la nave central en los últimos tramos

Comenzando por la girola, ésta se cubre con tramos trapezoidales y cuenta con siete capillas, las dos primeras rectangulares, otras cuatro hexagonales, y una octogonal central, todas iluminadas por grandes ventanales góticos con vidrieras, la mayoría fruto de las restauraciones llevadas a cabo en la catedral en el siglo XIX. Dejo para un próximo artículo un detenido paseo por ellas, cuando también me detenga en las de la nave del Evangelio y el claustro. 

La girola por el lado del Evangelio

Vidrieras de la capilla del Monumento en la girola 

La primitiva capilla mayor, abarcada por la girola, estuvo en uso como tal hasta 1521, pero hoy conforma la capilla del Sagrario, de los Curas o de la Parroquia. Empezó a levantarse a comienzos del siglo XV patrocinada por el obispo don Sancho de Rojas, hombre de confianza de don Fernando de Antequera, tío de Juan II de Castilla y regente del reino durante la minoría de edad de su sobrino, con la intención de convertirla en su propia capilla funeraria, aunque tras su traslado a la diócesis de Toledo decidió enterrarse en esa catedral. Cuenta con una gran reja forjada de dos cuerpos rematada con un Crucificado y decoración heráldica del cabildo y del obispo Alonso de Burgos.

Capilla del Sagrario

La capilla abre al falso crucero mediante arco de triunfo rebajado angreladode tradición mudéjar, y las esculturas del promotor y del canónigo don Pedro Estébanez de Alcántara en las enjutas. Sobre el arco corre un antepecho con una Virgen con el Niño flanqueada por los santos Pedro, Antolín y dos diáconos, todas atribuidas a un maestro francés de comienzos del siglo XV. Además de la bóveda superior del ábside, cuenta con una segunda bóveda nervada con colgadizos y el escudo del comitente en la clave.

Detalle de la cubierta de la capilla del Sagrario

Cubiertas del falso crucero y del ábside

Primero tuvo un altar de plata de fines del siglo XV patrocinado por doña Inés Osorio, pero el retablo actual es de la primera mitad del XVI, obra de Juan Ortiz el Viejo I y de otros artistas del ámbito de Vigarny y Balmaseda, policromado por Andrés de Espinosa y Cristóbal de Herrera. Se apoya sobre la mesa de altar de la primitiva catedral románica, redescubierta en la década de 1970.

Retablo de la capilla del Sagrario

Presenta banco con decoración de grutescos, tres cuerpos de tres calles y dos entrecalles y ático. Las escenas, que desarrollan un ciclo mariano, están enmarcadas por entablamentos con querubines y pilares y columnas abalaustradas que repiten los grutescos.

La calle central alberga un tabernáculo barroco del siglo XVII de Santiago Carnicero y por encima vemos la Dormición de la Virgen y su Coronación, con una Virgen del siglo XIII también procedente de la catedral románica.

Calle central con la Dormición de la Virgen y la Coronación flanqueadas por los santos Pedro, Pablo, 
Juan Bautista y Antolín

Las entrecalles, en hornacinas aveneradas, albergan las esculturas de cuerpo entero, de arriba abajo y de izquierda a derecha de los santos: Juan Bautista, Antolín, Pedro, Pablo, Juan Evangelista y Santiago.

En cuanto al Ciclo de la Virgen, en las calles exteriores, se conforma con las siguientes escenas, en igual sentido: Anunciación, Presentación en el Templo, Natividad, Epifanía, Última Cena y Oración en el Huerto.

Escenas de la Anunciación, la Presentación en el Templo, la Natividad y la Epifanía

En el ático aparece el habitual Calvario

En este ámbito se localizan, desde el siglo XVI y procedentes de la capilla de la Magdalena de esta catedral, en un arcón decorado con pinturas, los restos momificados de la reina doña Urraca Alfonso, fallecida en la segunda mitad del siglo XII. Y también está el sepulcro de doña Inés Osorio, fallecida a fines del siglo XV y gran benefactora de la catedral, un arcón de madera labrada y policromada y con una estatua yacente de alabastro atribuida al Maestro de Portillo.

La capilla mayor está habilitada en el primitivo coro desde 1519 por orden del obispo Fonseca. Es de planta rectangular, con dos tramos con bóveda de combados y cerrada por dos rejas de hierro forjado de Cristóbal de Andino de la década de 1520, una hacia el crucero y otra en el lado de la Epístola, frente a la sacristía.

Capilla mayor

Su retablo mayor fue un encargo del obispo don Diego de Deza a comienzos del siglo XVI. Como en principio iba destinado a la primitiva capilla mayor, donde no llegó a instalarse, presenta estructura ligeramente ochavada, acoplada a la curva del primitivo ábside, y cuenta con un banco y dos calles de tablas pintadas añadidas a la disposición original para hacerlo más grande.

Retablo mayor

Levantado sobre un zócalo de mármol rojo, presenta trazas de Pedro de Guadalupe, obra escultórica de Felipe Vigarny y Alejo de Vahía y las doce pinturas añadidas de Juan de Flandes salvo las dos más altas, que ya son de uno de sus discípulos, Juan de Tejerina.

Con decoración de motivos platerescos, la calle central cuenta con el tabernáculo, una talla de san Antolín de Gregorio Fernández que se colocó ahí en el siglo XVIII y una Asunción de la Virgen rodeada y custodiada por seis ángeles. En el resto de calles se distribuyen pequeñas hornacinas con tallas de santos y apóstoles. En cuanto a las tablas pintadas, desarrollan el Ciclo de la Vida de Jesús, desde la Anunciación hasta la Cena de Emaús.

Detalle del retablo mayor

El conjunto está coronado con un gran ático del siglo XVI añadido para equilibrar el conjunto y que presenta el habitual Calvario, con tallas de Juan de Balmaseda, rematado con el Padre Eterno entre dos ángeles con símbolos de la Pasión.

Calvario del ático

En cuanto a las paredes exteriores del altar mayor, en el lado del Evangelio está el arcosolio del deán de la catedral don Rodrigo Enríquez, fallecido en 1465. El arco contiguo cobija un retablo con la Aparición de Jesús resucitado a su madre, obra que unos atribuyen a Alonso de Berruguete y otros a Juan de Villoldo. Al lado hay una escultura de san Juan Evangelista de piedra policromada del siglo XVI.
En el siguiente paño se repite el esquema de forma especular, con una escultura de san Juan Bautista, el retablo de Santa Apolonia, obra de Manuel Álvarez de mediados del siglo XVI con una escultura de la santa de piedra policromada anterior y el arcosolio del abad de Husillos don Francisco Núñez, obra de Alejo de Vahía de 1501, con yacente.

Paños exteriores del altar mayor en la nave del Evangelio

El lado de la Epístola aloja el sepulcro del arcediano de Campos don Diego de Guevara, obra de Alejo de Vahía de 1509, el retablo del Ecce homo y la puerta y la verja del altar mayor de salida hacia la sacristía, justo enfrente.

Paño del Evangelio del altar mayor, con el sepulcro de don Diego de Guevara en primer plano a la derecha 
y la puerta románica que comunica el altar mayor con la sacristía

El coro, ubicado frente a la capilla mayor conformando un único espacio, la Vía Sacra, ocupa los tramos cuarto y quinto de la nave central y está cerrado por una reja plateresca del siglo XVI de Gaspar Rodríguez de Segovia que apoya sobre un zócalo con relieves que conmemoran la visita del papa Adriano VI y de Carlos V en 1522. Sobre la reja se observa un arco entibo, conocido como “arco del miedo”, coronado con una imagen de la Inmaculada.

Reja del coro y arco entibo

La sillería es gótica, obra de Luis Centellas con añadidos de Pedro Guadalupe en 1519, y presenta tracerías de distintos diseños, doseletes y pináculos, con silla episcopal y dos filas de asientos.

Sillería del coro y facistol

Sobre el lado del Evangelio se eleva un órgano barroco realizado por fray José de Echevarría y fray Domingo Aguirre con trompetería en vertical y en horizontal, a la manera hispana, y caja con multitud de querubines y figurillas menudas.

Órgano barroco del coro

La estructura que cobija el coro fue financiada por el obispo don Juan Rodríguez de Fonseca a comienzos del siglo XVI. El primer paño del Evangelio, con decoración gótica, aloja el altar con el Cristo de las Batallas, imagen muy venerada en la ciudad, y a los lados hay dos puertas de acceso al coro y al corredor alto respectivamente, talladas en nogal realizadas por Pedro de Guadalupe con los escudos del cabildo y de Fonseca y las cabezas de los santos Pedro y Pablo.

Paño del Evangelio con el Cristo de las Batallas

En el primer paño de la Epístola hay un arco gótico similar al que se corresponde con el Evangelio y cobija el Altar de la Visitación, retablo de fines del siglo XV con tablas pintadas de autor no identificado.

Paño de la Epístola con el Altar de la Visitación

El segundo tramo del Evangelio cuenta con una decoración plateresca atribuida a Diego de Siloé en la que aparecen ocho esculturas de piedra policromada de santos, reyes y fundadores, datada hacia 1500, y presidido por un pequeño altar dedicado al Salvador, escultura en nogal, dorada y policromada, atribuida a Felipe Vigarny, que iba a ubicarse en el altar mayor, aunque el cabildo después decidió colocar una talla del santo titular.

En cuanto al segundo paño de la Epístola, presenta otra decoración plateresca atribuida a Diego de Siloe a base de pilastras que delimitan las divisiones, con arco central trilobulado coronado por una escultura de San José sedente con el Niño, obra escultórica de Juan de Ruesga, que cobija un pequeño retablo plateresco de madera dorada y policromada, con medallones de santos y las esculturas de piedra policromada de los santos Pedro y Pablo sobre los que aparece una Natividad en una hornacina flanqueada por las figuras de la Anunciación, obra de Juan Manuel Becerril de 1769.

Paños atribuidos a Diego de Siloe en los laterales del coro

El trascoro se alza sobre una escalinata y es obra plateresca de comienzos del siglo XVI de Juan de Ruesga. Se organiza mediante cinco calles separadas por pequeños pilares.

La catedral desde los pies de la nave central, con el trascoro enfrente

Trascoro

La calle central está ocupada por un tríptico flamenco atribuido a Juan de Holanda, con tabla central con la Virgen de los Dolores y el Evangelista junto al comitente en posición orante, que aparece como parte integrante de la escena, y pequeñas tablas laterales con los Siete Dolores de la Virgen: Circuncisión, Huida a Egipto, Jesús entre los doctores, Camino del CalvarioCrucifixión, Llanto ante Cristo muerto y Santo Entierro. Por encima, un arco de medio punto alberga dos ángeles tenantes con el escudo del obispo Fonseca, abarcado por otro trilobulado con la heráldica de los Reyes Católicos.

Tríptico de los Siete Dolores

Decoración heráldica del trascoro

Las dos calles siguientes cuentan con sendas portadas de arco de medio punto sobre las que se sitúan bajo ricos doseletes, las escenas de la Lactación de San Bernardo y el Martirio de San Ignacio de Antioquía, ejecutadas por Francisco de Rincón.

Adosado al pilar del Evangelio del penúltimo tramo de la nave central, ante el trascoro, se ubica un púlpito patrocinado por el obispo don Luis Cabeza de Vaca en el siglo XVI.

Zona del trascoro, con el púlpito a la izquierda

Detalles del púlpito, con Evangelistas y Padres de la Iglesia

En cuanto a la cripta de san Antolín, en época medieval el acceso se realizaba por una puerta lateral en el lado de la Epístola que quedó inutilizada en el siglo XVI, cuando se abrió la actual entrada desde el trascoro de la catedral y se colocó un nuevo brocal en el pozo. La escalera plateresca presenta decoración de bajorrelieves heráldicos e historiados que narran el Martirio de san Antolín y la Leyenda del rey don Sancho III el Mayor recogida en el cantar de gesta Mocedades de Rodrigo, en el que se narra que durante una cacería, el monarca se refugió del ataque de un jabalí en una hoya y que cuando fue a lancear al animal, su brazo quedó paralizado, señal de que estaba en un lugar sagrado, descubriendo después la tumba del santo y su cuerpo incorrupto, que reposaba en un sarcófago sobre el que había una hornacina con la Virgen, que pasó a denominarse Virgen de san Antolín o Nuestra Señora de san Antolín. Así, y según la leyenda, fue este suceso milagroso el que hizo que el monarca decidiera levantar una catedral dedicada al mártir, con una cripta correspondiente para sus reliquias.

Escalera plateresca del siglo XVI de acceso a la cripta

El lugar de culto más antiguo conservado en la catedral es la cabecera de la cripta, visigodo de mediados del siglo VII, al fondo del todo, con planta tetragonal alargada, muros de mampostería y cubierta plana levantada sobre tres arcos de herradura transversal apoyados en el centro sobre dos soportes de fuste redondo y capiteles decorados con hojas esquemáticas.

Cabecera de la cripta

La ampliación protorrománica se desarrolla a continuación y se fecha hacia 1034, una nueva planta rectangular con parámetros de sillería y cubierta con bóveda de cañón sostenida por arcos fajones que parten del suelo y ventanas con derrame interior en los intervalos, una estructura con ciertas similitudes con la Cámara Santa de Oviedo.

Ampliación del siglo XI desde la cabecera

Cuenta con un pozo, siendo tradición que el 2 de septiembre, el día de san Antolín, se acuda a beber de su agua, con fama milagrera.  

Aquí terminamos hoy el recorrido por la catedral de Palencia, pero todavía nos queda un reposado paseo por el claustro, adosado a la nave de la Epístola, y las capillas de lagirola y las laterales, estas últimas sólo presentes en la nave del Evangelio.

Otros artículos de PALENCIA en Viajar con el Arte:
La villa romana La Olmeda de Pedrosa de la Vega

Otras CATEDRALES:


Notas:


Fuentes:

CAMINO OLEA, Mª S. y LEÓN VALLEJO, F. J., “La cubierta de la nave central y crucero de la Catedral de Palencia. Cambios constructivos”. En HUERTA, S. y LÓPEZ ULLOA F. (eds.), Actas del Octavo Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Madrid, Instituto Juan de Herrera, 2013, pp. 153-160.
GARCÍA, J., “Restauración de la Capilla del Monumento”. Patrimonio. Fundación de Patrimonio Histórico de Castilla y León, nº 45, sept.-dic. 2011, pp. 28-33.
NAVASCUÉS PALACIO, P. y SARTHOU CARRERES, C., Catedrales de España, Madrid, Espasa Calpe. 1998.
QUADRADO, J. Mª, España. Sus Monumentos y Arte, su Naturaleza e Historia. Valladolid, Palencia y Zamora, Barcelona, 1885.

Comentarios

Angel Ruiz ha dicho que…
Mil gracias, qué bueno poder ver otra vez esa Catedral maravillosa. Me he quedado con las ganas de poder ver mejor el retablo mayor, sobre todo las pinturas de Juan de Flandes.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias tu comentario, Ángel. La verdad es que sí es una pena no poder ver con más detenimiento las pinturas del retablo mayor, pero es que ni in situ pueden verse, mal iluminadas, con excesivos brillos. Aquí te dejo un enlace en el que aparecen algunas de ellas en una muy buena calidad. Espero que lo disfrutes.
http://losprimitivosflamencos.blogspot.com.es/?q=Juan+de+Flandes+palencia
Antonio Banus Pascual ha dicho que…
Estupendo como siempre,Sira. He vuelto a haqcer el viaje que hice en 2006 0 2005 a Palencia. Es una maravilla de catedral, me impresiono, como me ha impresionado tu trabajo. Fantastico.
Un beso
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Antonio. Tienes razón, una absoluta maravilla de catedral. Resulta increíble que figure tan pocas veces entre las guías de catedrales góticas españolas, incomprensiblemente olvidada. Un beso.
enrique ha dicho que…
Mi padre nació a escasos metros de esta catedral, por lo que está entrada cobra para mi un significado muy emotivo.
Con razón llaman a la catedral palentina "la bella desconocida", denominación que habría que ampliará a la ciudad y a la provincia entera.
La catedral es una maravilla, a la que hay que añadir la complejidad del crucero falso, que la hace ser un caso casi único entre las catedrales hispanas, acompañando a las de Cuenca y Granada que también disponen de doble crucero, aunque más franco. Hablo de memoria y si estoy en un error, aguardo gustoso el dictamen contrario. Otra singularidad es que conserve la cripta visigoda.
Austera por dentro, con su piedra blanca castellana, su interior es una sucesión de joyas, entre las que destaca a mi parecer el magnífico trascoro, uno de los más hermosos en mi opinión. Me parece de sumo interés el debate sobre la disposición del coro en las catedrales hispanas, a mi parecer es algo que añade complejidad y riqueza a las catedrales patrias, si bien a costa de la perspectiva.
Como detalle curioso, en mi única visita a Palencia y a su catedral, allá por el año 2007, pude fotografiar una araña enorme que tomaba el sol sobre la blanca piedra de la catedral...
enrique ha dicho que…
Esto de escribir con el iPad será muy moderno, pero me hace cometer más faltas de ortografía y parecer más analfabeto de lo que soy en realidad. Perdón por los acentos mal puestos, juro que es cosa del iPad.
Mío es sin embargo el error de decir " austera por dentro" cuando debí decir que lo es por fuera...
Mea culpa, mea...
Sira Gadea ha dicho que…
Pienso igual respecto al coro en la nave central frente al altar, rompe con la perspectiva, pero aparte de convertirse en sustentante de una labor escultórica impresionante, también aporta un punto de vista distinto a las catedrales, dotándolas de mayor misterio, de un elemento sorpresa que resulta muy emocionante. Además, desde el punto de vista histórico, ayuda también a comprender cómo era la liturgia y quién podía estar más o menos cerca del altar y, por tanto, de la divinidad, que los estamentos también estaban muy presentes en los ritos religiosos. Un abrazo, Enrique. Muchas gracias por tu comentario.
Sira Gadea ha dicho que…
Jajajajajaja... Quedas perdonado de todos tus pecados iPádicos que, por otro lado, seguro que no son tuyos, sino de un "corrector" que "descorrige". Todos lo sufrimos...
Anónimo ha dicho que…
Ya que no veo foto en la entrada, entiendo que no viste el San Sebastián de El Greco... una lástima, aunque un buen reclamo para volver
Antonio
Sira Gadea ha dicho que…
El San Sebastián está en la antigua sala capitular, en el claustro, y si te fijas, en el último párrafo digo que queda pendiente una entrada dedicada a las capillas y al claustro en la que la última foto será el cuadro de El Greco. Seguramente el lunes que viene podrás verla, si quieres, Antonio.
Calamidad ha dicho que…
(Mpfffffff, tenía un comentario curradísimo escrito y se me ha borrado, shit!)

Te venía a decir que la catedral de Palencia cuenta con una anécdota que como tal solo podría encajar en el apartado de curiosidades y que, después de leer una entrada tan trabajada como la tuya (ni yo misma sabía la mitad de las cosas que tú escribes aquí, Sira, gensanta), me parece hasta tonto decirlo, pero allá va.

En una de las últimas restauraciones que se hicieron del edificio se colocó en el ábside, mirando hacia el Hospital de San Bernabé, una gárgola extemporánea (lo mismo que sucede con el astronauta en la catedral de Salamanca). Se trata de un homenaje a un fotógrafo palentino amigo del arquitecto Jerónimo Arroyo, que llevó a cabo la restauración a principios del siglo XX. No sé cómo se llama el personaje, pero ahí está, con su levita larga y su cámara de fuelle.

Gracias por tu post, Sira. Da gusto pasearse por aquí. ;-)
Cal.
Ray ha dicho que…
Por fin he tenido tiempo de leer tranquilamente tu artículo, Sira. He vuelto a disfrutar descubriendo cosas que desconocía y anotándomelas para la próxima visita. Una vez más, gracias por tu inestimable trabajo.

Un abrazo.
Sira Gadea ha dicho que…
Menos mal que tú sabes poner ese toque más desenfadado y de humor con anécdotas y eso, que yo soy demasiado "sesuda". Mira que lo he intentado, pero es como cuando me pongo una ropa que todo el mundo me dice que te queda genial pero que yo me siento como disfrazada, pues eso. Y lo peor de todo es que yo soy una frivolona de cuidado y me gusta serlo. Pero en fin, que cuando me pongo con los asuntillos de arte no doy pie a ni una risilla. Un beso, Cal.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a ti, Ray. Un abrazo fuerte.
Sira, como siempre excelente.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias.

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