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lunes, 6 de octubre de 2014

El monasterio de San Pedro de Cardeña en Castrillo del Val, Burgos

San Pedro de Cardeña es una abadía en el término municipal de Castrillo del Val, en la provincia de Burgos. Sin datos fiables sobre su génesis, la tradición más remota habla de una primera y pintoresca fundación a mediados del siglo VI por mandato de doña Sancha, esposa del rey Teodorico Amalo de Italia, como lugar de enterramiento de su hijo, el infante Teodorico, aunque es evidente que carece de base alguna.

Monasterio de San Pedro de Cardeña

En cuanto al topónimo “cárdena” también hay varias explicaciones. Una dice que es de origen íbero y que alude a la altura, kara, y a su condición de promontorio sacro, denia; otra dice que podría proceder el árabe Gar-ad-dina, “refugio de nuestra ley”; y la más aceptada lo pone en relación con la flor de cardo.

Hay historiadores que afirman que ya pudo existir en el siglo VIII, quedando desolado durante las guerras con Al-Andalus y repoblado a fines del siglo X y otros que consideran que en esta última fecha no fue una repoblación sino una primera fundación. El caso es que lo que sí parece constatado son unos privilegios concedidos por Alfonso III el Magno, como parte de la estrategia repobladora llevada a cabo en el periodo, y una donación del año 902 de don Gonzalo Téllez, conde de Lantarón y de Cerezo, y su esposa, doña Flámula, a favor de la Orden de san Benito, lo que convertiría Cardeña en la primera abadía benedictina en el reino de León, al que pertenecía el territorio.

El caso es que las guerras y continuos cambios de frontera de la época propiciaron que en esas fechas las tropas califales invadieran la zona y destrozaran el cenobio, que empezó a recuperarse gracias a las donaciones del conde de Castilla Fernán González. Pero de nuevo la paz del monasterio se vio destrozada en una posterior razzia que los estudios históricos más recientes dicen podría haber tenido lugar alrededor de la segunda mitad del siglo X aunque la tradición establece que fue años antes y en la que se dice que un día de los santos Justo y Pastor, 9 de agosto, fueron asesinados unos doscientos monjes, conocidos como los “mártires de Cardeña”, finalmente canonizados en 1603, acontecimiento que explica la actual advocación del monasterio a “Santa María de los Santos Mártires de Cárdena”, que convive con la más antigua y conocida a San Pedro.

Después de aquel luctuoso hecho, el monasterio habría seguido contando con el apoyo del conde Fernán González y, sobre todo, de su hijo, García González, haciendo posible su reconstrucción y el inicio de un intenso periodo de expansión en el que fueron abundantes los privilegios y gracias concedidos por los reyes de Castilla pero también por nobles y príncipes.

Cardeña empezó pronto a gozar de gran popularidad por la cantidad de reliquias que llegó a atesorar y que atraían las peregrinaciones, el movimiento devocional en torno a los santos mártires y su posterior vinculación con la figura del Cid Campeador, donde la tradición estableció que había dejado a su esposa y a sus hijas, bajo la protección del abad Sisebuto, camino de su primer destierro en 1081, y donde fueron depositados sus restos tras de su muerte en Valencia en 1099.

Además, Cardeña también contó con el afamado Scriptorium Caradignense, muy activo entre los siglos X y XII, foco de difusión de los textos benedictinos más importantes, la Regla de San Benito y el Libro de los Diálogos de San Gregorio Magno, además de otros códices, conservándose el primer tomo de los tres que componían la conocida como Biblia de Burgos, con doscientos dos folios en pergamino, en la Biblioteca Pública del Estado en Burgos, y unos ciento cincuenta folios del Beato de Cardeña, que incluye una copia del Beato de Liébana, entre el Museo Arqueológico Nacional, el Diocesano de Gerona y el Museo Metropolitano de Nueva York.

Biblia de Burgos (1)
  
Beato de Cardeña (2)

En los siglos siguientes sufrió una larga etapa de decadencia que fue superada a comienzos del siglo XVI tras su vinculación con la Congregación de San Benito de Valladolid y la canonización de sus doscientos monjes mártires a comienzos del siglo XVII. Así, a comienzos del siglo XVIII el monasterio pudo ser ampliado y profundamente reformado.

La invasión francesa, cuando el monasterio fue expoliado, y las desamortizaciones de la primera mitad del siglo XIX provocaron la exclaustración y su abandono hasta 1880, cuando por unos meses fue ocupado por una comunidad trapense procedente de la abadía francesa de Diviélle. Entre 1888 y 1901 acogió a una comunidad de escolapios. Entre 1905 y 1921 fue ocupado por un grupo de frailes capuchinos que habían sido expulsados de Toulouse.

Aunque en 1931 fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento, durante la Guerra Civil española fue campo de concentración del bando nacional.

Finalmente, en 1942 fue restaurada la vida monástica mediante una comunidad cisterciense procedente de San Isidro de Dueñas, que a lo largo de los años consiguieron rehabilitar la observancia de la Regla benedictina y el maltrecho edificio, aunque un incendio en 1967 destruyó gran parte del conjunto.

Las abundantes intervenciones que ha tenido Cardeña a lo largo de los siglos hacen que conserve vestigios de variados estilos. Cuenta con iglesia y dos claustros, alrededor de los que se distribuyen distintas dependencias, y se sabe que tuvo un tercer claustro hoy desaparecido.

Lo primero que uno se encuentra al llegar al monasterio es, precisamente, lo último construido, el segundo claustro, desarrollado en el siglo XVII a continuación del románico, con su fachada oeste conformada como la principal del conjunto, un gran lienzo de sillería flanqueado por dos grandes torreones de base cuadrada dedicados a los santos Pedro y Benito, representados en sendas esculturas.

Alzado de la fachada oeste del monasterio, con el volumen del claustro del siglo XVII 
a la izquierda y la fachada de la iglesia, retranqueada, a la derecha. Planoteca IPCE

Vista aérea del conjunto (3)

Detalle de la fachada principal del monasterio

En el centro se ubica una portada con arco de medio punto sobre el que se desarrolla un segundo cuerpo de dovelas bicolores con una hornacina central con una estatua ecuestre de El Cid, que toma la iconografía de Santiago Matamoros, coronada por el escudo del monasterio sobre el que figura otro de Castilla y León. Frente a la fachada hay un monolito que indica dónde, según la tradición, fue enterrado Babieca, el caballo del Cid.

Portada barroca

Detalle de la escultura ecuestre del Cid Campeador
Fachada norte. Planoteca IPCE

Fachada este, donde se sabe que hubo otro claustro. Planoteca IPCE

La iglesia, que empezó a erigirse a mediados del siglo XV, durante el periodo del abad don Pedro del Burgo, se levanta sobre otra primitiva románica de la que se conserva un campanario, fechado entre los siglos X y XI, con planta cuadrangular y cuatro cuerpos con aspilleras y ventanas románicas de diversas épocas.

Tiene fachada gótica de dos cuerpos. En el bajo aparece una portada apuntada y las esculturas de los santos Pedro y Pablo y la de don Pedro del Burgo, promotor de la obra, arrodillado ante ellos, además de los escudos de Cardeña, Castilla y León y del Cid. A continuación se ubica un zócalo y el conjunto se remata con una espadaña barroca con una escultura central del Cid o de San Benito flanqueada por los bustos de los mismos santos.

Fachada de la iglesia, al fondo

Tímpano de la portada de la iglesia

Fachadas occidental y sur de la iglesia, con el cuerpo de la capilla del Cid a la derecha 
y la torre campanario asomando por detrás

Alzado de la fachada sur, con el cuerpo del claustro del siglo XVII a la izquierda y la iglesia 
a la derecha. Planoteca IPCE

Fachada sur de la iglesia, con la torre románica adosada al ábside (4)

La planta resulta algo extraña, con un gran ábside central flanqueado por dos laterales, uno circular y otro cuadrado, crucero que sobresale poco en planta, cuerpo de tres naves, cubiertas de crucería, capillas laterales y coro alto a los pies, pero solo tiene dos tramos, como si se le hubiera colocado la fachada con la iglesia inacabada.

El coro se fecha a fines del siglo XV o comienzos del siglo XVI, con arco escarzano y bóveda de complicada crucería con nervios adornados con bolas.

El coro desde el crucero

La nave central está separada de las laterales, más bajas, mediante cuatro gruesos pilares que recogen las nervaduras de las bóvedas de crucería de la cubierta, con dragones y claves en las que aparecen escudos del Cid, de Castilla y León y de San Pedro de Cardeña.

Bóvedas del crucero y del ábside central

La capilla mayor tiene un tramo rectangular y culmina en planta poligonal con cinco parámetros enmarcados por cinco arcos entre los que si ubican sendas ventanas de tracería gótica y que recogen los nervios de la cubierta de crucería. Contiene una sillería gótica de cuarenta y seis sitiales procedente del monasterio San Juan de Ortega.

Capilla mayor

La capilla absidial del Evangelio fue la primera dedicada a los santos mártires, con pinturas en la bóveda recientemente recuperadas con los grandes dragones rojos que decoran los nervios, una clave de piedra con una Virgen con el Niño, que se han puesto en relación con el Apocalipsis de San Juan y la “mujer vestida de sol”, llaves cruzadas en relación con San Pedro y dos manos sujetando sendas palmas del martirio en alusión a la advocación de la capilla.

Capilla absidial del Evangelio (5)

La capilla absidial de la Epístola, dedicada a San Benito y sobre la que se eleva el campanario, cuenta con una rica cubierta de crucería del estilo de los Colonia, ya con algún resabio plateresco.

Bóveda de la capilla de san Benito

El crucero del Evangelio comunica con el claustro románico a través de una portada barroca y adosada al crucero de la Epístola, con una portada simétrica a la del Evangelio, se encuentra la capilla del Cid, de san Sisebuto o de los Héroes, una construcción también barroca levantada en el siglo XVIII para dar acomodo al sepulcro del Cid, cuyo cuerpo había sido trasladado desde Valencia a Cardeña, y donde después también decidiera enterrarse su esposa. Pero en la actualidad son cenotafios vacíos, pues tras la exclaustración ambos fueron llevados a la Casa Consistorial de Burgos, donde permanecieron hasta 1921, fecha de un solemne traslado al crucero de la catedral.

Planta del conjunto. Planoteca IPCE. Las indicaciones son mías

Portadas del crucero del Evangelio, con salida al claustro, y de la Epístola, 
con acceso a la capilla del Cid

Interior de la capilla del Cid, con los sepulcros vacíos en el centro y 
los escudos de estuco decorando las paredes

Tiene un retablo barroco realizado por fray Pedro Martínez en 1738 con una escultura central del abad san Sisebuto, en el centro se encuentran los sarcófagos vacíos del Cid y su esposa, fechados en el siglo XVI, y las paredes están decoradas con veintiséis escudos de estuco coloreado con armas de caballeros, condes de Castilla, hijos y familiares del Cid y otros personajes ilustres y cuadros contemporáneos con escenas de la leyenda del Cid.

Retablo de la capilla del Cid

La sacristía, con acceso desde el testero del Evangelio del ábside a través de una portada en esviaje, es también gótica, del mismo estilo que la iglesia.

Puerta en esviaje de la sacristía

Desde ella se accede, tras atravesar una antesacristía con un interesante lavabo para las abluciones litúrgicas fechado a mediados del siglo XVI, y mediante una escalera de caracol sin eje central, una excepcional obra anónima de estereotomía también del XVI, al archivo monacal, no visitable.

Lavabo de la sacristía

Escalera de caracol de acceso al archivo

El claustro románico o claustro de los mártires data del siglo XII. Está adosado al lado del Evangelio del templo a un nivel más bajo y recibe ese nombre porque la tradición señala que ahí fueron enterrados los doscientos monjes, que no fueron canonizados hasta 1603, pero que desde el inicio fueron objeto de gran devoción popular, con una enraizada leyenda que defendía que el día de los santos Justo y Pastor, conmemoración de la matanza, el suelo donde fueron sepultados amanecía de color de sangre.

Conserva una la arquería original, muy restaurada, pues estuvo tapiada durante siglos, de la panda sur, la de mayor santidad, por estar adosada a la iglesia, y donde se cree que estarían las tumbas, y otra rehecha a partir de ésta, en la panda este, ambas compuestas por arcos de medio punto con dovelas bicolores, que aunque recuerdan la decoración de la mezquita cordobesa habría que ponerlas más en relación con el románico cluniacense borgoñon, sobre columnas de robustos fustes y capiteles pseudo-corintios que apoyan sobre un petril corrido. Las pandas norte y oeste son muy posteriores, tabicadas y con grandes vanos de medio punto con cristaleras.

Detalle de la arquería sur, la única original

Otro detalle de la arquería sur

Las pandas sur y oeste, con las este y norte, ya del siglo XVII, al fondo, 
desde la sala capitular

En su panda este se ubica la sala capitular, obra del siglo XIII de planta cuadrangular, cubierta octopartita gótica y que conserva la antigua arcada románica tardía, con arcos ligeramente apuntados, de comunicación con la galería del claustro.

Sección y planta de la sala capitular. Planoteca IPCE

Sala capitular (5)

El claustro desde la sala capitular

Arcada de la sala capitular desde el claustro (5)

Detalle de los arcos laterales de la sala capitular a comienzos del siglo XX, 
antes de su restauración (6)

En el siglo XVI se le anexionó la capilla de Santa Catalina, un ámbito rectangular en el testero frente al claustro, abierto mediante arco de medio punto con intradós angrelado y arquivolta con hojas de vid y dos angelotes en los extremos. En la actualidad esta capilla, con acceso desde la sacristía, hace como de vestíbulo de la capitular, que se ha convertido en museo, con una sillería barroca procedente del monasterio de Obarenes, alguna pintura y vestiduras litúrgicas.

Capilla de santa Catalina en la sala capitular

En la panda sur está la portada de acceso a la iglesia, abierta al crucero del Evangelio y con una escalinata que salva el desnivel.

La esquina suroeste alberga una monumental escalera imperial barroca con caja cubierta con cúpula decorada con pintura mural contemporánea de Juan Vallejo en la que se muestran los Siete Pecados Capitales inspirada en la decoración de Goya en la ermita de San Antonio de la Florida de Madrid.

Cúpula de la escalera imperial, decorada por Juan Vallejo en la década de 1970 (7)

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Referencias:

(6) MENÉNDEZ PIDAL, J., San Pedro de Cardeña (restos y memorias del antiguo monasterio), New York, The Hispanic Society of America, 1908.

Fuentes:

BENGOECHEA, C. y HOMBRÍA, P., “Recuperación de pinturas murales en la iglesia del monasterio de San Pedro de Cárdena (Burgos). Policromía: ornamento y simbolismo”. Espacio, Tiempo y Forma, serie VII Hª del Arte, t. 15, 2002, pp. 11-26.
MENÉNDEZ PIDAL, J., San Pedro de Cardeña (restos y memorias del antiguo monasterio), New York, The Hispanic Society of America, 1908.
MORETA VELAYOS, S., El Monasterio de San Pedro de Cardeña. Historia de un dominio monástico castellano (902-1338), Salamanca, 1971.
VICENTE GONZÁLEZ, J. de, Boticas monásticas, cartujanas y conventuales en España, Tresctres, 2002.
www.monasteriosanpedrodecardena.com
http://www.cardena.org/

9 comentarios:

enrique dijo...

De la visita que rendí al monasterio, hace ya demasiados años, recuerdo perfectamente esa puerta en esviaje y la escalera de Caracol. Recuerdo también al amable monje con su hábito blanco y que pensé en el frío que debían de pasar los escasos monjes que habitan el cenobio.
Estupenda toda la entrada y la magnífica información sobre el edifico y su historia.

Nota: voy con retraso en el comentario de las entradas, pero es que mi vida no da para más...

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Enrique. Tus comentarios son excepcionales y aportan mucho a los artículos. Me encanta encontrarme con ellos porque siempre hay un plus en ellos, pero lo primero es lo primero. Aquí no hay obligación alguna. Todos estamos para disfrutar. Espero que siga siendo así siempre que puedas. Un abrazo.

Juan Antonio Gonzalez Heredia dijo...

Fantástica tu explicación. He estado en julio de 2014 y casi lo he visto mejor y más amplio contigo.

nacho san marcos dijo...

Excelente reportaje Sira...¡¡¡ Tuve la ocasión de visitar el Monasterio cuando recorrí la Ruta del Cid. El hermano portero, nos llevó por las estancias internas explicándonos todo con pasión y amabilidad. Sin duda, la Historia de España está escrita en los muros de estos grandes edificios medievales, pero también la evolución de la Arquitectura y el Arte, en todas sus variantes. Me gustó mucho el entorno de su emplazamiento y la articulación de sus espacios. Es un conjunto arquitectónico grandioso a la vez que un remanso de paz.Gracias por tu trabajo Sira

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio. Es verdad que a veces en las visitas se nos pasan desapercibidas algunas cosas. Me alegro mucho de que te haya gustado y haya servido para "redescubrírtelo".

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Nacho. Lo que más me emociona de la arquitectura es precisamente eso, el que se convierte en primoroso testigo de la Historia, en el que ir averiguando por todos los avatares por lo que pasa a lo largo de los siglos, el que nos muestre los cambios de gusto, las nuevas tendencias, las preocupaciones de quienes habitaron estos edificios, su forma de vida... Es una auténtica aventura.

Xudros dijo...

Hola, me gustaría saber que parte del edificio era el palacio del Abad y si se conserva, Gracias.

Sira Gadea dijo...

Hola Xudros. Desconozco si en Cardeña existió, concretamente, este tipo de dependencia. No la he visto mencionada en ninguna biografía consultada.

Sira Gadea dijo...

Quería decir bibliografía.