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lunes, 9 de enero de 2017

La tormentosa historia de la Seu Vella de Lleida

La Seu Vella de Lleida se ubica dentro de un recinto fortificado en el cerro Turó, elevada sobre la ciudad y formando una imagen verdaderamente impactante visible desde varios kilómetros de distancia. Se denomina así para diferenciarla de la Seu Nova, construida en la parte baja de la ciudad en la segunda mitad del siglo XVIII después de que la antigua fuera desacralizada durante la Guerra de Sucesión que dio paso al reinado de Felipe V y convertida en cuartel militar.

La Seu Vella en la actualidad (1)

Lleida está situada en una posición estratégica sobre el llano circundante, bien comunicada y cercana al río Segre, donde se constata la existencia de un núcleo poblacional ya entre los siglos VI y II aC., la Iltirda ibérica, todavía muy desconocida, de la que arqueológicamente solo se han recuperado mínimos indicios pero de la que se sabe por fuentes numismáticas y documentales.

Tras la conquista romana, en el siglo I aC. todavía resulta complicado hablar de una ciudad romana en sí y más bien sería una población con construcciones ibéricas y pequeñas incorporaciones romanizadas. La descripción de la ciudad que hace Julio César en Commentarii de bello civili a raíz de la batalla del 49 aC. junto al río Sircoris, el Segre romano, en la II Guerra Civil de la República de Roma que enfrentó a los ejércitos del propio Cayo Julio César con los lugartenientes de Cneo Pompeyo Magno, habla de unas murallas que unían la parte baja con la alta de la ciudad, y las últimas investigaciones arqueológicas en esta zona parecen corroborar la presencia de restos murarios cerca de la fachada oeste de la Canonjía y en el jardín del claustro.

En época de Augusto, cuando Ilerda obtuvo la categoría de municipium, seguramente se iniciaría un periodo de monumentalización y embellecimiento de una ciudad que ya estaba organizada en torno a un cardo y un decumano adaptados a las especiales características orográficas del terreno. De este periodo serían unas termas localizadas entre las actuales calles Remolinos y Democracia.

Casco histórico de la ciudad en la actualidad en Google Maps

Extensión de la Ilerda augustea (2)

En el siglo II dC. se localiza un periodo de gran vitalidad constructiva, con nuevos edificios y cambios en los ya existentes en una ciudad de planta irregular dividida en dos grandes espacios: el cerro y sus vertientes sur y este, y la parte llana en la orilla derecha del río Segre. Pero iniciado el Bajo Imperio, los habitantes de Ilerda, igual que los de otras muchas ciudades, empiezan a abandonar la ciudad para instalarse en casas de campo autosuficientes, las villae, y la ciudad reduce su perímetro. 

La situación de debilidad romana fue aprovechada por francos y alanos para penetrar en Hispania. Se sabe que en el 260 asolaron Tarraco, pero no hay constancia documental de que Ilerda sufriera su ataque, y aunque la arqueología sí constata la destrucción y abandono de alguna villa suburbana cercana, las tierras leridanas continuaron siendo romanas hasta la llegada de los visigodos como aliados de Roma contra alanos, suevos y vándalos.

Durante el periodo visigodo la ciudad experimentó cierta regresión, aunque sin dejar de ser un importante cruce de caminos y de tránsito de mercancías entre Tarragona, Barcelona y Zaragoza, rodeada, como han constatado las investigaciones arqueológicas, de ricas villas y castella, variedades de villa con defensas militares. De este periodo dataría la fundación de su sede episcopal, mencionada en documentos como una copia de las Moralia in Job redactadas a fines del siglo VI por el papa San Gregorio, con un ejemplar de la segunda mitad del siglo XI en el Museo Episcopal de Vic, aunque las excavaciones arqueológicas en el Turó todavía no han localizado resto alguno de esta época.

Extensión de la ciudad en época visigoda (2)

Su situación como nudo de comunicaciones entre las antiguas vías de comunicación romanas hizo que la ciudad fuera muy atractiva para los ejércitos andalusíes desde el inicio de la conquista, y su toma, entre el 716 y el 719, debió resultar muy sencilla, precisando simplemente de un pacto de capitulación del grupo de élite social visigoda, incluso con algunas significativas conversiones al Islam. Aunque tradicionalmente se ha dicho que la sede episcopal se trasladó a Roda de Isábena, últimas investigaciones lo ponen en cuestión y consideran que fue una invención del siglo XI que se convirtió en apócrifa en los documentos para justificar la legitimación del posterior traslado de la sede desde Roda a Lleida una vez reconquistado el territorio por los cristianos. Lo que sí se cree es que los musulmanes siguieron permitiendo el culto cristiano en algunas zonas delimitadas y que la vida en la Larida andalusí debió continuar sin grandes cambios, con libre cultivo de tierras con pago de impuestos y el mismo régimen municipal aunque con nuevos concejales muladíes o convertidos. Pero al comienzo del siglo IX los conflictos de poder con señores feudales de la zona provocaron un endurecimiento en el trato a los cristianos, que finalmente tuvieron que emigrar extramuros de la ciudad.

Extensión de la Larida islámica (2)

Entre los siglos VIII y gran parte del IX, a falta de constatación arqueológica, las fuentes nos parecen describir un núcleo urbano que respondería a uno de los tipos básicos de ciudad andalusí, la ciudad acrópolis, de tipo militar, la propia de una zona de frontera extrema de al-Andalus esencial para controlar el valle del Ebro y constantemente sometida a refriegas, tanto entre los nobles andalusíes enfrentados como entre los nobles cristianos que luchaban por recuperarla. En el cerro estaría la ciudadela, conformando el barrio de la Suda, y de sus murallas partirían otras murallas que rodearían el casco para defenderlo.

Teniendo en cuenta que tras la conquista cristiana la ciudad apenas cambió, los especialistas creen que las murallas andalusíes deberían estar debajo o formando parte de las medievales, y que conformarían un perímetro de unas 30 hectáreas, una ciudad pequeña.

El interior parece alejarse del estereotipo de calles estrechas y sinuosas y nos describe una ciudad estructurada en cinco barrios, con equilibrio entre espacios públicos y privados y adaptándose perfectamente a la orografía del terreno.

En el barrio de la Suda, donde estaba la ciudadela, se encontraba la alcazaba, la mezquita mayor y las residencias de los altos cargos, y el resto de la población se distribuía en los otros cuatro barrios restantes, con casas en torno a un patio central construidas con zócalo de piedra y muros de adobe o tapial rebocados o encalados.

La conquista por parte de las tropas cristianas se produjo, después de siete meses de asedio, en 1149 de la mano de los condes Ramón Berenguer IV de Barcelona y Ermengol IV de Urgell, y los musulmanes fueron expulsados extramuros de la ciudad. Un año después la ciudad obtuvo Carta de Población y el conde de Barcelona, prometido de la reina doña Petronila de Aragón, otorgó a Lleida y a todas sus tierras el título de marquesado, pues si le hubiera otorgado el de condado éste, automáticamente, hubiera pasado a ser feudatario del rey de Francia, lo mismo que lo eran el resto de condados de la Marca Hispánica.

Doña Petronila de Aragón y don Ramón Berenguer IV de Barcelona (3)

Durante el siglo XII parece que la ciudad cambió poco. El espacio urbano se organizó por barrios adscritos a parroquias. La mayoría de los musulmanes terminaron emigrando ante las duras condiciones de conquista impuestas, obligados a trasladarse a vivir fuera de las murallas. Los judíos también tuvieron que abandonar sus propiedades intramuros pero consiguieron constituir un arrabal en la parroquia de San Andrés que se regía por sus propias leyes y funcionaba como ente aparte dentro de la ciudad, con sinagoga y mercado propios en la plaza de la Judería, situada en el centro del barrio.

Extensión de la ciudad en época medieval (2)

La diócesis quedó restaurada el mismo año de 1149, trasladando al obispo de Roda, Guillem Pere de Ravidats, junto a sus canónigos y los cuatro archidiáconos, de Major, Ribagorça, Terrantona y Benasc, a Lleida, según ya lo había planeado el rey Pedro I de Aragón cincuenta años antes. La Ordinatio Ecclesiae Ilerdensis de 1168, las primeras constituciones diocesanas de la nueva época, regularon la organización y funcionamiento del capítulo determinando que el número de canónicos, que debían seguir la Regla de san Agustín y no sobrepasar los veinticinco, la división parroquial de la ciudad y la organización de su territorio.

Gracias a la Carta Dotationis Ecclesiae Ilerdensis otorgada al obispado por el conde Ramon Berenguer IV, el barrio de la Suda y todas las mezquitas de la ciudad pasaron a ser propiedad de la nueva diócesis. Aunque la mayoría de los historiadores han defendido que la primera catedral, consagrada en la mezquita aljama, fue lo que después se conformó como capilla de Santa María la Antigua con la erección de la nueva catedral románica, otros autores creen que esa primera catedral ocupó una mezquita dentro de la fortaleza musulmana. Las últimas excavaciones arqueológicas no han localizado vestigios islámicos de ningún tipo bajo la capilla de Santa María la Antigua, descartándose que la primera catedral hubiera estado ahí y barajándose la posibilidad de que tanto la mezquita aljama como la primera catedral estuvieran enclavadas bajo la propia catedral románica, ya que sí se han encontrado restos andalusíes en torno a los primeros tramos de la nave de la Epístola.

Hay abundantes fuentes escritas de estos primeros siglos que también hacen referencia a un espacio o ambiente en el complejo catedralicio que era llamado “claustro”. En este sentido, en esa época los términos claustrum o claustra podían aludir a las dependencias destinadas a la vida canonical aisladas del mundo exterior, más en relación con el concepto de clausura que refiriéndose a un espacio físico concreto, un recinto como nosotros lo concebimos en la actualidad, cerrado por sus cuatro costados y con galerías porticadas, sin que se haya localizado arqueológicamente ningún vestigio que pueda ayudar a aclarar las dudas. Otros autores defienden que en la Alta Edad Media los términos “atrio”, “paraíso” o “claustro” se referían a un patio cerrado que rodeaba el conjunto catedralicio y que también servía de cementerio, y las excavaciones arqueológicas han constatado que, como en la mayoría de las catedrales medievales, los enterramientos alrededor del conjunto catedralicio leridense fueron muy abundantes desde los inicios del templo y perduraron hasta la desacralización a fines de la Edad Moderna.

La construcción de una nueva catedral comenzó a gestarse en 1192, en tiempos del obispo Gombau de Camporrells, mediante la adquisición y permuta de casas, albergues y solares en el barrio de la Suda para lograr el espacio necesario para el nuevo templo, que también iba a ocupar el de la antigua mezquita mayor.

Maqueta de la Seu Vella

En 1193 el capítulo contrató a Pere de Coma como “Magister Operis Sedis Ilerdensis”, maestro de obras, autor de un proyecto arquitectónico románico. Según la lápida de consagración, en el lado del Evangelio del presbiterio, la ceremonia de colocación de la primera piedra, oficiada por el propio obispo, tuvo lugar en 1203 con la presencia del conde Ermengol VII de Urgell y del rey Pedro II de Aragón. Aunque dicha lápida se cree posterior, quizá del siglo XIV, por sus rasgos epigráficos, se considera que refleja datos reales.

Lápida de consagración (4)

Transcripción de la lápida de consagración (4)

ANNO D[OMI]NI M CC III ET XI K[A]L[ENDAS AUG[U]STI: SUB [OMI]NO I[N]NOCE[N]TIO P[A]P[A] III: VENERABILI GO[M]BALDO HUIC ECCL[ESIA]E P[RE]SIDE I[N]CLITUS REX P[E]TRUS II ET ERMENGAUDUS COMES URGELLEN[SIS:] PRIMARIU[M] ISTIUS FABRICAE LAPIDE[M] OSUERUNT BERENGRIO OBICIONIS OPERARIO EXISTENTE PETRUS DE CUMBA FABRICATOR (5)

Girada ligeramente hacia el norte respecto del eje habitual este-oeste de los templos románicos, quizá por la reutilización de los cimientos de la construcción previa o porque la orientación buscara marcar la salida del sol el día de la fundación o de la advocación del templo, las trazas parecen responder a una tipología extendida en Normandía a la que también se adscribiría la catedral de Tarragona y que llegó a la península de la mano de los monjes benedictinos, caracterizada por grandes cabeceras con crucero, altar mayor más desarrollado y ábsides laterales semicirculares cubiertos con bóvedas de horno, pero también adopta técnicas que ya estaba utilizando el Císter, como los arcos ojivales o las bóvedas de crucería, conformando edificios románicos a los que también se incorporan soluciones góticas.

La iglesia proyectada por Pere de Coma, románica, siguió el esquema compositivo ad quadratum, con planta de cruz latina de tres naves de tres tramos, más alta la central, transepto que sobresale en planta de igual altura que la nave central y, según las últimas investigaciones arqueológicas, cinco capillas absidiales semicirculares dispuestas de forma escalonada, la central más grande, las dos laterales más próximas a la central de menor tamaño y las extremas más pequeñas todavía. Hay autores que defienden que también contaría con cuatro capillas laterales en cada nave, pero no existe consenso a ese respecto.

Planta de Pere de Coma según las últimas investigaciones (5)

La cabecera desde la nave central

Como era habitual, se empezó por la cabecera y se continuó con las naves. A la muerte de Pere de Coma en 1220, que hay autores que defienden que fue sucedido por Berenguer de Coma, quizá su hijo o su sobrino, aunque no se han conseguido documentos que lo corroboren, se cree que ya se habría llegado al segundo tramo de las naves, a la altura de la Puerta de los Fillols.

Puerta de Els Fillols

Hasta 1260 se sigue trabajando para llegar a la fachada occidental y ya se estarían construyendo las cubiertas de los últimos tramos de las naves. Coma habría proyectado bóvedas de cañón apuntado con arcos torales y formeros doblados, y así parecen indicarlo los pilares en cruz con columnas dobles adosadas en los frentes flanqueadas por otras dos columnas de diámetro más reducido en los ángulos proyectadas para soportar los arcos doblados. Pero el proyecto se modificaría y el templo acabó cubriéndose con bóvedas de crucería y las columnas de los ángulos tuvieron que soportar los arcos doblados torales y formeros y también los nervios de las bóvedas.

Cubierta de crucería de la nave central

En 1278, según una lápida desaparecida que estaba en la contrafachada, sobre la puerta occidental, el obispo Guillem de Montcada celebró la ceremonia de consagración, poniendo la catedral bajo la advocación de Nuestra Señora Santa María.

ANNO D[OMINI] M CC LXXVIII II KAL[ENDAS] NOVEM[BRIS] D[OMI]NUS GU[ILELMUS] DE MONTE CATENO IX E[PISCO]PUS ILL[ER]D[ENSIS] CONSECRAVIT HANC E[C]CL[ESI]AM ET CONCESSIT XL DIES INDULGENTIAE P[ER] OMN[E]S OCTAVAS: ET CONSTITUIT UT FESTUM DEDICATIONIS CELEBRAT[U]R SEMP[ER] IN DIC[T]A D[OMINICA] P[O]ST FESTU[M] S[ANCTU] LUCHAE (5)

Aunque estas ceremonias pueden interpretarse como un acto de afirmación de carácter sagrado del edificio, sin que ello implique la finalización de las obras, éstas ya debían estar muy avanzadas. En ese momento el maestro de obras sería Pere de Prenafeta, al que se le atribuyen la terminación de las cubiertas de las naves y la base del cimborrio.

Cimborrio del crucero

La Canonjía fue fundada en 1168 y agrupaba los órganos de gobierno y gestión de la catedral. El edificio que se conserva comenzó a levantarse entre fines del siglo XII y comienzos del XIII para albergar la sala capitular, la librería, el archivo notarial… y aunque durante muchos años se ha defendido que habría sido fruto de una reestructuración de la Capilla de Santa María la Antigua, la primera catedral, las últimas investigaciones parecen indicar que no fue así, sino que la propia sala capitular era denominaba indistintamente como “capítulo” o “capilla de Santa María”, de ahí la confusión, que no se convirtió en capilla en sentido estricto hasta de mediados del siglo XV. Entre fines del siglo XIII y principios del XIV la primitiva nave se prolongó hacia el este y también se le adosó otra nave longitudinal que ocupó, aproximadamente, la mitad occidental de la fachada del claustro. También se aprovechó el desnivel del terreno en el oeste para construir un piso inferior que actuó como base. El espacio resultante se compartimentó en dos áreas, con la nueva sala capitular hacia el oeste y la Pia Almoina hacia el este, una institución de beneficiencia fundada desde comienzos de la reconstrucción de la diócesis en el siglo XII para socorrer a los peregrinos a su paso por la ciudad, muy abundantes como enclave esencial del Camino de Santiago, aunque con el paso del tiempo, en la segunda mitad del siglo XIII y en una ciudad populosa con grandes desigualdades sociales, ya no solo atendía a peregrinos sino que también se encargaba de alimentar a pobres de solemnidad, pobres vergonzantes, viudas, huérfanos, enfermos, ancianos… y de dar ayudas a otras instituciones locales, como los hospitales de Expósitos, del Espíritu Santo o de los Niños Huérfanos.

Detalle de las pinturas que decoraban la Pia Almoina, hoy en el Museu de Lleida

En cuanto al claustro, comenzó a levantarse a fines del siglo XIII, terminada la iglesia, de la mano del maestro de obras de la catedral Pere de Prenafeta modificando el proyecto primitivo de Pere de Coma. Se eligió el ámbito ante la fachada occidental porque por el resto de fachadas no hay espacio suficiente. En el siglo XIV se levantó la fachada gótica de los Apóstoles y casi todo el campanario. Durante estos siglos también se fueron amueblando los espacios del templo con el retablo mayor, altares, púlpito, vidrieras, pinturas murales… y modificando las capillas para convertirlas en mausoleos.

Crujía norte del claustro, la primera en construirse

Claustro y campanario

Planta del conjunto catedralicio tras la incorporación del claustro y las capillas funerarias (5)

Vista de la catedral de Google Maps

El conjunto catedralicio quedó rodeado de un majestuoso barrio gótico que incluía un palacio episcopal, las casas de los canónigos y las residencias de los administradores de la catedral, arcedianos, archidiáconos, capellanes, vicarios, beneficiados… un barrio exclusivamente ocupado por los miembros de la diócesis y personas directamente vinculadas a la catedral, una acrópolis eclesiástica.

Barrio gótico en torno a la catedral a fines del siglo XIV (5)

Recreación del barrio gótico en 1425 del pintor Enric Garsaball a partir de los datos
facilitados por el historiador Manel Lladonosa (6)

Vista de LLeida de 1563 de Anton Van der Wyngaerde (7)

Detalle del grabado de Wyngaerde, con el palacio episcopal a la derecha de la catedral (7)

Aunque la tradición repite que el inicio de la destrucción se produjo durante la Guerra de Sucesión, el proceso se inició algo más de medio siglo antes, durante la Guerra de Els Segadors (1640-1659), cuando Lleida fue atacada cuatro veces y sitiada en tres ocasiones, la catedral se utilizó como hospital y almacén de armas y el cerro empezó a fortificarse, tal y como muestra un grabado de 1644 atribuido al militar e ingeniero francés Sebastien de Beaulieu conservado en el Gabinete de Estampas de la Biblioteca Nacional de París.

Grabado de 1644 atribuido a Sebastien Beaulieu reflejando uno de los sitios
de la ciudad durante la Guerra de Els Segadors (8)

Detalle del mismo grabado (8)

Después, efectivamente, en 1707, durante la Guerra de Sucesión, las tropas de Felipe V sitiaron y bombardearon la ciudad y, tras la rendición, el núcleo urbano antiguo fue arrasado, desapareciendo calles, plazas, palacios, incluido el episcopal, conventos, iglesias, casas particulares… La población fue desplazada a barrios de nueva creación y el Turó se convirtió en una ciudadela militar, con la catedral desacralizada y transformada en cuartel y todos sus espacios compartimentados, construyéndose diferentes pisos y perdiéndose la mayoría de su patrimonio artístico. El claustro también fue dividido en dos pisos y todas sus galerías fueron tapiadas para hacer espacios cerrados.

Zona de la fachada sur en otra recreación del pintor Enric Garsaball en la que se ve
el palacio episcopal a la derecha y la misma zona en la actualidad (5)

Un siglo después, durante la Guerra de la Independencia de Francia hubo nuevas pérdidas y mutilaciones, y aunque en 1918 la Renaixença catalana consiguió que la catedral fuera declarada monumento histórico, en la Guerra Civil, tras la conquista de la ciudad por las tropas franquistas el 3 de abril de 1938, se convirtió en campo de concentración hasta agosto de 1940. Después volvió a ser cuartel, en uso hasta 1946.

Planta primera del complejo catedralicio convertido en cuartel. Planoteca IPCE

Planta segunda del complejo catedralicio convertido en cuartel. Planoteca IPCE


Vista aérea de 1929 de la catedral convertida en cuartel y rodeada de baluartes (9)

La catedral desde el río a comienzos del siglo XX (2)

 “Al habilitar este Templo para alojamiento de fuerzas militares se construyó en el interior de sus tres naves y capillas y en las alas del Claustro, un piso intermedio, elevando muros y tabiques que formaron los dormitorios, dependencias, almacenes y servicios, siendo comunicados por diversas escaleras. A su exterior se adosaron otras edificaciones complementarias que sin el menor respeto, ocultaron la belleza de sus Fachadas. Esta afrentosa transformación llevó consigo infinitos destrozos. Para el empotramiento de vigas, trabazón de muros de piedra y ladrillo, colocación de tuberías y salidas de humos, se abrieron mechinales, se hicieron rozas y taladros, que acribillaron los muros del edificio. Las galerías del Claustro, como sus ventanales y algunos de la Iglesia, fueron tapiados quedando embutidas sus tracerías. En cuantos lugares fue preciso, se abrieron huecos de iluminación, a veces haciendo desaparecer los relieves del tímpano de una portada. Queriendo dar sensación de limpieza fueron embadurnados de callos paramentos interiores de los muros, los arcos y bóvedas, los capiteles y las tracerías de los ventanales. Año tras año se acumularon las capas de cal de tal manera que la escultura de muchos de los elementos decorativos se fundieron sus contornos, perdiéndose la forma y detalles característicos de su estilo. Como contraste de este encalado quedan otros lugares ennegrecidos por el hollín”. (10)

Segunda planta en la nave de la Epístola cuando la catedral era un cuartel (8)

Con el fin de sus actividades militares, en 1948 el Ministerio del Ejército cedió el edificio al de Educación Nacional bajo la supervisión de la Dirección General de Bellas Artes, con la intervención también del Servicio Regional de Regiones Devastadas, y el arquitecto Alejandro Ferrant, un pionero en España de la aplicación de las teorías modernas de restauración de edificios históricos, comenzó una larga y trabajosa restauración que todavía está en curso, aunque la antigua Canonjía se convirtió en Casa de Ejercicios Espirituales, sin entrar, al principio, dentro del plan restaurador.

La restauración buscó recuperar el que se considera uno de los monumentos más importantes de la arquitectura medieval europea no solo por las novedades constructivas y las capillas funerarias de ilustres familias o miembros de la iglesia, sino por la gran calidad de la escultura que conserva en capiteles, cornisas, ménsulas, puertas… además de los restos de pintura mural conservados. Durante los doce primeros años los trabajos se centraron en el interior de la iglesia y en el claustro.

Interior del templo en la actualidad

Crujía sur del claustro en la actualidad

 “No se pone nada nuevo, en eso yo personalmente, soy muy purista; no colocamos una piedra, un capitel, una ménsula, no hacemos un friso, sin que no estemos en la seguridad de que existía”. (10)

En 1962 se hizo cargo de la restauración la Dirección General de Arquitectura y Vivienda del Ministerio de Obras Públicas a través de la Sección de Ciudades de Interés Artístico Nacional y se nombró director a Francisco Pons-Sorolla, que trabajó bajo la supervisión de Ferrant como máximo responsable. En esta fase se trabajó en los accesos al monumento recuperando los niveles originales que rodeaban el templo y se restauraron las capillas góticas de la fachada sur. Entre 1967 y 1969 los trabajos se centraron en la restauración exterior del ábside mayor y en las capillas absidiales de la Epístola.

Zona absidial y fachada del transepto de la Epístola a fines del siglo XIX o comienzos del XX (8)

La misma zona en la actualidad

A continuación, todavía bajo la dirección de Pons-Sorolla, se restauraron las cubiertas de la iglesia y del claustro, se cerraron con placas de alabastro los ventanales del cimborrio y la capilla mayor, se pavimentó el conjunto, se reforzó la estructura del campanario y se recuperaron sus ventanas.

Placas de alabastro en una de las ventanas del ábside mayor

En 1981, con los traspasos de competencias en materia de cultura desde el Gobierno de España a la Generalitat de Catalunya, la Seu Vella pasó a depender de este último organismo y se constituyó un nuevo patronato y se nombró director de las restauraciones a Jaume Fresquet, arquitecto de los Servicios Territoriales de Cultura de la Generalitat, iniciándose la restauración de la fachada occidental del clautro y la Puerta de los Apóstoles.

Puerta de los Apóstoles cuando la catedral era cuartel (11)

Puerta de los Apóstoles en la actualidad

En 1993 la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Generalitat aprobó el Plan Director de la Seu Vella, documento elaborado por los arquitectos Jaume Fresquet i Folch y Enric Solana i Piña con la participación de la historiadora del arte Inmaculada Lorés i Orzet, encargada del estudio histórico y artístico. Con él se buscó crear una herramienta de conocimiento del monumento y proponer las actuaciones para su revalorización patrimonial. Se marcaron nueve fases agrupadas en intervenciones de nueva arquitectura de carácter museográfico que afectaron a la Canonjía para convertirla en centro de equipamientos y servicios y punto de acogida de visitantes al conjunto y en intervenciones de restauración del propio monumento.

Esta nueva fase comenzó con la restauración integral de la fachada sur de la catedral, incluyendo la Porta dels Fillols, demoliéndose la escalinata que había delante para construir una más rebajada, las dos capillas a ambos lados de la misma, acomodando la de la izquierda, la Capilla de Jesús o de Sescomes, como espacio provisional de acogida de visitantes hasta que se recuperara la Canonjía, la Capilla Requesens y la Portada de la Anunciación en el transepto de la Epístola. Las últimas intervenciones, iniciadas en 2009, están centradas en las capillas absidiales del transepto de la Epístola y en las fachadas y muros del crucero.

Fachada sur antes de la restauración (11)

Fachada sur en la actualidad

En cuanto a la Canonjía, se respetaron los restos históricos y artísticos, se eliminaron los añadidos de la década de 1950, cuando se construyó un piso superior, para una mejor lectura del edificio, y se construyeron espacios funcionales para acogida de visitantes, tienda, servicios…

Nave principal de la Canonjía restaurada

Espacio de servicio habilitado tras la restauración de la Canonjía (12)

Otro aspecto de la restauración de la Canonjía (12)

Acceso actual al monumento por la Canonjía (12)

El monumento pertenece a la Generalitat y el entorno, con las murallas y el Castillo de la Suda, es del Ayuntamiento de Lleida, de ahí que en 2010 ambas instituciones crearan el Consorci del Turó de la Seu Vella de Lleida, dirigido por el historiador del arte Josep Tort, para la gestión común del “Conjunt Monumental del Turó de la Seu Vella”, incorporado en 2015 a la lista indicativa de monumentos españoles para ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Dejamos para un próximo artículo un paseo reposado por el monumento en la actualidad.

Y si queréis ver otras CATEDRALES en Viajar con el Arte, podéis abrir este enlace.

Referencias:

(5) NIÑÁ JOVÉ, M., L'escultura del segle XIII de la Seu Vella de Lleida, Tesis doctoral presentada en la Facultad de Letras de la Universidad de Lleida, 2014.
(10) NIÑA JOVÉ, M., “La redescoberta d’una catedral: La restauració monumental a la Seu Vella de Lleida”, Porticvm. Revista d’Estudis Medievals, nº 3, 2012, pp. 101-117.

Fuentes:

ALCOY, R. y BESERAN, P., Art i devoció a l'Edat Mitjana, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2011.
CASAS, N., Historia y Arte en las catedrales de España, Bubok Publishing, 2016.
CARRERO SANTAMARÍA, E., “El claustro funerario en el medievo o los requisitos de una arquitectura de uso cementerial”, Liño, nº 12, 2006, Oviedo, Universidad de Oviedo, pp. 31-41.
ESPAÑOL BELTRÁN, F., El escultor Bartomeu de Robio y Lleida, Lleida, 1995.
FERNÁNDEZ SOMOZA, G., “Imágenes de la caridad catedralicia. Orígenes y evolución funcional de las pinturas de la Pia Almoina de Lleida”, De Arte, 2, 2003, pp. 87-125.
FITÉ I LLEVOT, F., “La Seu Vella de Lleida i la introducció de l’arquitectura gòtica a Catalunya”, Acta historica et archaeologica mediaevalia, nº 25, 2003-2004 (Ejemplar dedicado a: Homenatge a la professora Dra. María Josepa Arnall i Juan), pp. 1071-1109.
GALLART, J., LORÉS, I., MACIÀ, M. y RIBES, J. L., “L’arquitectura de la Seu Vella de Lleida: l’evolució de la capçalera”, Lambard. Estudis d'art medieval, 1996, vol. 8, p. 113-138.
LIAÑO MARTÍNEZ, E., “La época del Císter y las nuevas catedrales de la Corona de Aragón”. En LACARRA DUCAY, Mª C. (coord.), Arte de épocas inciertas. De la Edad Media a la Edad Contemporánea, 2009, pp. 47-102.
LORIENTE PÉREZ, A., “L’urbanisme andalusí de la ciutat de Lleida”, Plecs d’història local, nº 108, 2003, pp. 1704-1707.
NAVARRO CASANOVA, A., Análisis Urbanística y Social del Centro Histórico de Lérida, Trabajo final de Grado en la Escuela de Caminos de la UPC de Barcelona, 2015.
NIÑÁ JOVÉ, M., “La redescoberta d’una catedral: La restauració monumental a la Seu Vella de Lleida”, Porticvm. Revista d’Estudis Medievals, nº 3, 2012, pp. 101-117.
NIÑÁ JOVÉ, M., L'escultura del segle XIII de la Seu Vella de Lleida, Tesis doctoral presentada en la Facultad de Letras de la Universidad de Lleida, 2014.
ROCA Y FLOREJANCHS, L., La Seo. Memoria de la catedral antigua de Lérida, Lérida, 1881.

2 comentarios:

Juan Antonio Gonzalez Heredia dijo...

Estuve el año pasado y me horrorizó toda esta historia. No había sitios mejores para un Cuartel. Pero claro, así estaba la ciudad más humillada.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Juan Antonio. La verdad es que el lugar, en lo alto del cerro, también tenía en la época una inmejorables situación estratégica. Más bien se convirtió en una ciudad militar. La labor de recuperación ha sido colosal, pero mucho de los destruido, lamentablemente, es irrecuperable. Un saludo.