El convento de San Antonio el Real, en Segovia

El Monasterio de San Antonio el Real tiene una larga historia en la que, afortunadamente, no ha padecido ni incendios ni guerras ni desamortizaciones, conservándose desde el siglo XV con gran parte de su esplendor, con una colección de cubiertas mudéjares, única de esta época conservada in situ, de un colorido y en un estado de conservación que resultan impactantes, lo que no impide que sea un gran desconocido incluso para los propios segovianos.

Detalle del cartel indicativo

En origen fue una "casa de plazer" en la finca El Campillo, extramuros de la ciudad de Segovia, que Enrique IV de Castilla había recibido en donación de su padre, Juan II, cuando cumplió 14 años y fue nombrado “Señor de Segovia”, y que el todavía príncipe levantó para dar rienda suelta a sus grandes aficiones a la caza y las fiestas de sabor morisco.

Vista aérea

Pero un año después de su coronación, ante el conflicto generado entre franciscanos por la acusación de los observantes a los claustrales de no respetar la austeridad de la regla y la petición de los primeros a Enrique IV de que obligara a los segundos a entregarles el convento de San Francisco, hoy Academia de Artillería, el monarca castellano dirimió el problema haciendo donación de la propiedad a la orden franciscana observante para que construyera un nuevo convento bajo la advocación de San Antonio, con bula fundacional del papa Calixto III con fecha de 18 de junio de 1455 conservada en el Archivo del Monasterio.

Isabel I de Castilla dio un nuevo giro cuando envió a la comunidad observante al Convento de San Francisco y fundó, mediante nueva bula de Inocencio VIII de 20 de marzo de 1486, un convento de Clarisas, la rama femenina de los franciscanos, que en 1498 obtuvo el título de Patronato Real, continuando en la actualidad como sede de una pequeña y anciana comunidad de clarisas que sigue ocupando una parte del conjunto, con otras estancias y uno de sus claustros recientemente transformados en hotel.

Plano del convento (3). Las indicaciones so mías, con la zona visitable enmarcada en rojo. Destacan dos piezas arquitectónicas claramente diferenciadas; la iglesia y el claustro, alrededor del que se ubican las estancias más importantes para la vida monástica tradicional y en los que se concentra toda la riqueza artística, en una concepción de fuertes influencias islámicas, con estancias lujosamente decoradas, sobre todo por sus cubiertas mudéjares, que contrastan con la discreción exterior, como si buscara pasar desapercibida

Al exterior, el monasterio es una sobria construcción de estilo gótico que empezó a erigirse inmediatamente después de la donación de Enrique IV con materiales muy pobres, fundamentalmente tapial y ladrillo para unos muros que tienen un metro de espesor.

Acceso a la zona visitable del convento a través de la iglesia (1)

Aunque no está abierta a la visita, la zona en la que todavía hace vida la comunidad es precisamente el origen del edificio, el pabellón de caza de Enrique IV, pegado al refectorio, en la panda oeste del claustro, y que se muestra al exterior mediante un ala con galería superior de arcos carpaneles y portada plateresca, hoy tapiada, con los Reyes Católicos orantes acompañados de San Francisco y Santa Clara y los escudos de la Orden Franciscana, el Reino de Castilla y el de los Caballeros del Santo Sepulcro, en relación con la Custodia de Tierra Santa de la Orden Franciscana.

Ala del antiguo pabellón de caza de Enrique IV

Detalle de la decoración de la portada plateresca, hoy tapiada

En la actualidad se accede al convento por la iglesia, con una portada de 1488 quizá de Juan Guas compuesta por dos pilastras rematadas por pináculos que enmarcan una sucesión de arcos: carpanel, conopial y trilobulado. Bajo el arco conopial se encuentra un Calvario muy deteriorado y entre éste y el trilobulado, los escudos de Enrique IV y dos cabezas, una masculina y otra femenina, alegorías del Sol y la Luna, símbolos franciscanos. La portada está cubierta por un tejaroz mudéjar de madera sostenido por cuatro grandes ménsulas y decoración de estrellas de ocho puntas.

Acceso a la iglesia

Detalle de la portada de acceso

En 1730 siendo su abadesa sor Juana Jacinta Menéndez y Contreras, se produjo una importante reforma del monasterio, tal y como lo confirma una cartela en el muro de los coros que reza “A MAYOR HONRA Y GLORIA DE DIOS SE HIZO ESTA OBRA SIENDO ABADESA LA MADRE Y SEÑORA JUANA JACINTA MELENDEZ Y CONTRERAS, ACABOSE EN EL MES DE SETIEMBRE DE 1730” y que se dice que fue firmada por el arquitecto y retablista barroco José Benito Churriguera, un dato no confirmado.

Inscripción conmemorativa de las reformas de 1730 (2)

La intervención más importante se produjo en la nave de la iglesia, elevándose los muros para permitir que la luz entrase por encima del claustro, por lo que también hubo que sustituir la primitiva techumbre mudéjar por una bóveda de cañón decorada con yeserías, colocándose baldosas de piedra caliza en toda la nave y renovándose el suelo de la Capilla Mayor.

Interior de la iglesia

Pero, afortunadamente, en esta capilla se respetó su techumbre original, un trabajo de carpinteros mudéjares realizado con madera del Valsaín muy del gusto de los monarcas de la Casa de Trastámara, ataujerado, ochavado, con decoración de lazo de diez y con elegante policromía en azul, rojo y oro, probablemente en relación con los colores de la heráldica real.

Cubierta mudéjar de la capilla mayor

Esquema de la cubierta de la capilla mayor (3)

Es una cubierta cargada de simbología humana, con ramos de granadas que hacen alusión a Enrique IV, cuya “empresa” era una granada en agraz con el lema AGRO DULCE, representado por Juan de Horozco en sus Emblemas Morales acompañado de un epigrama en octava en donde dice que la granada, fruta de dos sabores, agrio y dulce, simboliza la mezcla de rigor y misericordia con la que un príncipe debe gobernar.


“No deve ser cruel, o justiciero/(que dizen) si lo es en demasia/el Rey, que para serlo verdadero/huye de lo que suena a tyrannia./Tampoco es bien perdone de ligero/lo que de veras castigar devría,/Que no embalde es crecida y coronada/la fruta de agro y dulce sazonada.”  Juan de Horozco, Emblemas Morales, Libro III, emblema XXX, p. 160.

Posteriormente los Reyes Católicos también utilizaron frecuentemente la granada bordada en atuendos, joyas y otros objetos más en relación con este significado dado por Enrique IV que como símbolo de la ciudad conquistada, que comenzó, lógicamente, a partir de 1492.

Pero esta cubierta también tiene un intenso mensaje espiritual desarrollado en torno a la estrella de diez puntas, la estrella perfecta, y las de cinco, el candilejo, símbolo de la luz y el brillo de los astros.“…el movimiento de las esferas celestes y unida a la armonía musical de su construcción, la meta final de una estancia cubierta de lazo será escuchar la inaudible música armoniosa de las esferas” (4).

La cubierta se apoya sobre un friso de yesería con la heráldica de Enrique IV en el centro de los muros y en las esquinas y una inscripción que ha sido parcialmente identificada como “Beati qui habitant indomo tua, Domine; in secula seculorum laudabunt te” (Bienaventurados los que moran en tu casa y continuamente alaban).

El retablo mayor es de madera tallada y dorada y se incorporaría en las reformas de la Iglesia en 1760, seguramente sustituyendo al retablo de la Pasión que ahora está en el muro de la epístola. Tiene tres cuerpos y tres calles y un copete central con los símbolos franciscanos de las cinco llagas, con un medallón más discreto con los símbolos de las clarisas.

Retablo de la capilla mayor

El mencionado retablo de la Pasión de Cristo es otra de las piezas más importantes de la Iglesia, donación de Enrique IV, de madera de nogal policromada, fechado ha. 1460 y realizado en Flandes. Destaca por la viveza y plasticidad del conjunto y la individualidad de cada delicado personaje, con rasgos, expresiones, corpulencia o atavíos singulares tallados y policromados con minuciosidad. En primer plano se ve un numeroso y abigarrado grupo de figuras conformando un Calvario, pero en la misma escena también aparecen otros relatos del mismo ciclo evangélico, como el Paño de la Verónica o la Rifa de la túnica de Jesús. Su arquitectura gótica desapareció y en la actualidad cuenta con un enmarcado del siglo XIX. 

Retablo de la Pasión de Cristo

Detalle con el Desmayo de la Virgen y el Paño de la Verónica

Desde la iglesia se accede a la sacristía, una sala cuadrangular en la que destaca su alfarje mudéjar de madera de rica policromía con motivos vegetales de ataurique, anagramas de Cristo en latín y griego, el cordón franciscano y escudos de Enrique IV. En la actualidad luce en todo su esplendor tras una restauración concluida en 2002. 

Detalle del alfarje de la sacristía

Detalle de la decoración de ataurique y del anagrama de Cristo del alfarje de la SacristíaLa sala denominada "el panteón", no visitable, es una construcción inacabada cubierta por bóvedas en cuyos arranques se ve el escudo de Enrique IV. Recibe este nombre porque Isabel I nombró el monasterio en su propio testamento como un posible lugar de enterramiento después de Granada y San Juan de los Reyes de Toledo en caso de que no pudieran ser estos dos por distancia del camino o por tiempo.El claustro también presenta un excelente estado de conservación. Las cuatro pandas están cubiertas con techumbres de lacería de estrella en ocho con una decoración sencilla y poca policromía, predominando el acabado en madera natural.

Panda este del claustro, que comunica con la
sala de frailes y con la sala capitular

Además, cuenta con tres trípticos flamencos de la escuela de Utrech con escena central de barro de pipa policromado y puertas con tablas pintadas con santos (Calvario con Santiago y San Cristóbal; Cristo con la cruz a cuestas con San Juan Bautista y San Cristóbal; Entierro de Cristo con San Miguel y San Denís obispo). 

Tríptico flamenco del Calvario

Detalle del tríptico flamenco del Entierro de Cristo

En la panda norte, adosada al lado de la epístola en la Iglesia, se abren una serie de capillas devocionales en las que abundan las imágenes del Niño Jesús y una interesante colección de cruces, unas pintadas y otras en madera de olivo con incrustaciones de nácar traídas por los franciscanos de Jerusalén.

Panda norte con capillas devocionales (5)

Niñito Jesús de apenas 5 cm., parte de uno de los ajuares de una clarisa que profesó en el
convento en tiempo indeterminado. El corderito es la prefiguración de la Pasión
para la salvación de los hombres y la curiosa posición de la mano derecha
también podría relacionarse con la Pasión, como típica
postura de la Melancolía 

El exterior del claustro es una peculiar construcción gótico-mudéjar con galería inferior de arcos apuntados enmarcados por alfiz, un elemento del mundo romano pero que se convierte en característico del arte hispanomusulmán, igual que el friso de modillones de rollo, y galería superior de arcos carpaneles, aunque en el siglo XVIII todos fueron cerrados.

Detalle de los arcos exteriores del claustro, cerrados en el siglo XVIII

El jardín cuadrangular, símbolo del hortus conclusus, cuenta con una fuente central, símbolo de la Fuente de la Vida, en la que convergen cuatro calles.

Jardín del claustro. Sobre la panda norte se observa la elevación de la
nave central de la iglesia para abrir huecos de luz

El refectorio es una sala rectangular con banco de fábrica corrido y pequeñas hornacinas con puertas de madera en las que cada monja de la comunidad guardaba su plato y su vaso y sobre las que ubica un friso de pintura mural realizado por una monja clarisa en el siglo XVIII con santos alternados con búcaros con flores, pintados y repintados múltiples veces por la comunidad, con un aire inocente y candoroso y cierto encanto, aunque sin valor artístico alguno.

Detalle de las pinturas del refectorio

El testero del frente muestra a Cristo Salvador entre la Inmaculada Concepción y Santa Clara y dos ángeles tenantes en los extremos pintados en 1481, cuando el monasterio todavía no había sido entregado a las clarisas.  Puede leerse “TOTA PULCRA ES MARIA. YESO NOSTRA REDENZIO, VENIS, PONSAS XPTI”, en relación con la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción, del que los franciscanos fueron férreos defensores.

El púlpito ocupa el centro de uno de los testeros largos, ante una ventana, realizado en madera y decorado con yeserías mudéjares, y la techumbre es un alfarje agramillado con heráldica en las tabicas.

Refectorio, con el púlpito a la izquierda

La sala de frailes o sala del trono se cree que era el scriptorium cuando el monasterio todavía era masculino, convertido en sala para las recepciones, sobre todo de miembros de la casa real, al pasar a las clarisas. Por la sala se distribuyen cantorales, pinturas, piezas de cerámica, documentos papales, sellos de los Reyes Católicos y vestuario litúrgico, ocupando un lugar destacado en el muro frontal una imagen del Niño Jesús del siglo XVII. 

Sala de frailes

La cubierta mudéjar de madera sigue un esquema muy similar al de la sacristía, con tramos divididos por dobles vigas y decoración de ataurique, escudos reales y cordón franciscano. 

Alfarje mudéjar de la sala de frailes

La sala capitular es la pieza más importante después de la iglesia. Es de planta cuadrada con una techumbre de limas moamares, ochavada, ataujerada, con decoración de lazo de doce, rica policromada en rojo y azul y dorada y heráldica de Castilla y Portugal, en relación con Enrique IV y doña Juana de Portugal, su segunda esposa, y las cinco llagas franciscanas, también restaurada en 2002.

Detalle de la estrella central de la cubierta mudéjar, con un mocárabe

Cuenta con un retablo del siglo XVIII con doble hornacina con las tallas de San Francisco y Santa Clara.

Sala capitular, con cubierta mudéjar y retablo al fondo.
Aquí se aprecia claramente cómo las pequeñas
dimensiones de la sala y la escasa altura
de la cubierta dan la sensación
de poder tocar el cielo
con las manos

En cuanto a la parte hoy destinada a hotel, merece la pena echar un vistazo al antiguo claustro de la vicaría, con arcos carpaneles en ambas plantas y ausente de decoración.

Claustro de la vicaría, hoy incorporado a las dependencias del hotel

Las señoras que nos guían por todas las dependencias son encantadoras, transmitiendo todo el amor que sienten por el edificio y la admiración por la comunidad de clarisas que, con tanta devoción, han hecho posible su conservación hasta la actualidad.

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Convento de Santa Cruz, hoy sede de una universidad privada, y su iglesia

Otros MONASTERIOS:

San Esteban convento e iglesia, de Salamanca
San Martiño Pinario en Santiago de Compostela
Santa María del Paular en Rascafría (Madrid)
Santo Tomás de Ávila
San Miniato al Monte de Florencia
Convento da Madre de Deus, hoy Museu Nacional do Azulejo en Lisboa
San Juan de los Reyes de Toledo

Notas:


(2) http://www.linajecontreras.com/genealogia/escudos-y-otros/juana-j-melendez-y-contreras/
(3) GARCÍA GIL, A., “La capilla Mayor del Monasterio de San Antonio el Real de Segovia”. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nº 87, 1998, pp. 119-140.
(4). AGUILAR GARCÍA, Mª D., “Un ensayo de lectura de las armaduras mudéjares”. Actas del II Simposio Internacional de mudejarismo, Teruel, 1982, pp. 111-124.

Fuentes:

AGUILAR GARCÍA, Mª D., “Un ensayo de lectura de las armaduras mudéjares”. Actas del II Simposio Internacional de mudejarismo, Teruel, 1982, pp. 111-124.
GARCÍA GIL, A., “La capilla Mayor del Monasterio de San Antonio el Real de Segovia”. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nº 87, 1998, pp. 119-140.
MORENO ALCAIDE, M., “El retablo flamenco de la iglesia de San Antonio el Real de Segovia”. Anales de Historia del Arte, nº 7, 1997, pp. 25-48.

Comentarios

Boro ha dicho que…
Por estar fuera del casco histórico y un poco escondido es uno de los grandes desconocidos del patrimonio segoviano y a la vez es seguramente el monasterio mejor conservado de Segovia de la época medieval, con un montón de techumbres mudéjares fantásticas y con unas obras flamencas de un nivel artístico que ya no se suele encontrar en las iglesias españolas (aunque en su momento debieron abundar ahora solo recuerdo con este nivel algunas de Burgos que he visto por aquí comentadas, una en Laredo y una en Valladolid). Los pequeños retablos del claustro eran precioso aunque yo los vi sin restaurar hace ya unos años, cosa que espero que se haya remediado. El retablo de la Pasión es genial aunque es una lástima que por seguridad tenga que tener un cristal (que ya podría ser antireflectante), porque yo fui incapaz de tirarle una fotografía buena y casi no encuentro en internet fotografías sin reflejos para recordarlo. Por cierto, gracias por la fantástica fotografía de detalle que nos pones con el grupo de la virgen, debes de tener pulso de cirujano para que no salga movida.
Sira Gadea ha dicho que…
Es un gran desconocido incluso para muchos segovianos, a pesar de su importancia histórica y artística. Pasearse por sus muros con cualquiera de las dos guías con las que lo he hecho, que contagian su amor por el recinto, es una experiencia muy especial. Es cierto lo del retablo de la Pasión con ese horroroso cristal que no deja casi ver nada. Tendremos que hacer una colecta para que las monjas lo cambien por uno antirreflectante, jajajaja... ¿Viste la expo "El Fruto de la Fe" en la Carlos de Amberes? No recuerdo bien, pero debió ser hace unos seis años o así. Estaba también comisariada por Checa, con obras flamencas excepcionales y una historia del trayecto que recorrían desde Flandes hasta América muy muy interesante, como todos los discursos que don Fernando elabora en sus exposiciones. Y de lo del pulso, nada de nada, una cámara con estabilizador que hace maravillas.
Boro ha dicho que…
Me suena la expo, he visto varias en la Carlos de Amberes. Creo que era la que tenían bastantes tallas flamencas traídas de canarias. Me gusto mucho había algunas esculturas de la virgen fantásticas. Díaz Padrón está sacando a la luz bastantes trípticos flamencos que se encuentran en iglesias y capilla canarias. El último que he leído por ahí es una atribuido a Lambert Lombard. Si te gusta el arte flamenco el año que viene hay una de Van der Weyden en España en el Prado, cuando acaben la restauración del calvario del Escorial que habría quedado fantástico en la expo del Palacio Real, en la que además de pinturas de Weyden (viene tb. el tríptico de Miraflores) habrá escultura, algunos de los relieves de Laredo y seguramente alguno de los tapices flamencos de la seo. de Zaragoza. Tiene muy buena pinta.
Yo harto de fotografías movidas me compré un mini trípode y va muy bien para fotografías en iglesias. Lo colocas sobre el respaldo del banco y ya no hace falta pulso y puedes hacerlo con tiempos largos de exposición. Bueno, esto so no tienes un buen estabilizador en la cámara, que era el caso.
Sira Gadea ha dicho que…
Si, es esa exposición la que te decía. En Canarias hay muchísima obra flamenca. No recuerdo muy bien, pero creo que la explicación es porque tuvo una importante colonia procedente de Flandes que gestionaban los ingenios de azúcar y que fueron los que importaron a las islas este tipo de obras. Una curiosa historia. La verdad es que la expo de Weyden sí que promete.
Una cosa, no sé si tendrás perfil en alguna red social. Por si te apetece pasarte aquí te dejo los míos:
Twitter: @viajarconelarte
Facebook Sira Gadea: https://www.facebook.com/sira.gadea
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Soy muchísimo más de Face que de Twitter, pero en cualquiera también podrás encontrarme.
Un abrazo, Boro.
Luca Panzieri Garcia ha dicho que…
Feklicidades, Sira Gadea, por tu magnifico articulo. De lo mejor que he visto en la red sobre el Monaterio de San Antonio.
Si me envias tu e mail puedo hacerte llegar mi libro sobre el tema en pdf.
Y cuando quieras, te enseñaré a ti y a tus seguidores, el Monaterio, personalmente.
Alberto garcia Gil. Arquitecto conservador del Monasterio

Sira Gadea ha dicho que…
Un regalo maravilloso el que me ofreces, Alberto. Mi correo electrónico es siragadea@gmail.com y leeré tu libro de un tirón.
San Antonio el Real es uno de mis monumentos preferidos. Me resulta muy emocionante. Poder caminar por sus dependencias y pensar que todavía está habitado, que las monjas siguen cuidando de su convento con el mismo amor de siempre. Es una suerte que haya llegado hasta nosotros en esas condiciones de conservación. Ahora, además, le pongo nombre a uno de los artífices de que así sea.
Sobre tu ofrecimiento de enseñárnoslo, te tomo la palabra de todas todas, no me puedo imaginar una forma más excepcional de poderlo volver a ver. Si me dejas un contacto cuando me envíes el libro, no dudes de que te requeriré para esa visita de lujo. Un abrazo.
Marisa Ciria ha dicho que…
Preciosoooooooo,gracias wapa!!!!
lili ha dicho que…
Maravilloso monasterio, una verdadera obra de arte. No promocionado por las guias turisticas ni por las autoridades porque "no es de ellos"
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